7. Referentes conceptuales

Es un desafío para la escuela la formación de lectores ya que supone, por un lado replantear lo que entiende por leer y por otro, las actividades que tradicionalmente se hacen para formar lectores. Para realizar la secuencia de lectura en voz alta se tomaron como pertinentes los siguientes referentes conceptuales: el maestro como lector y qué enseña cuando le lee cuentos a los niños, qué es leer literatura y la lectura en voz alta como una práctica de lenguaje.

Con relación al maestro como lector y las enseñanzas que se consiguen cuando lee en voz alta a los niños, se puede decir que logra mostrar a los estudiantes los secretos del “oficio de lector” al desempeñarse como un lector experto. El comentario que realiza el maestro como lector “es un modelo de lo que se puede decir de un cuento (además de que gustó o no gustó); su búsqueda de pistas en el texto para fundamentar su propia interpretación o la del niño, permite empezar a comprender que hay más de una interpretación posible pero que todas deben apoyarse en las palabras del autor; la evocación del maestro de otras obras o de otros personajes similares al del cuento leído, abre a ese mundo de ficciones poblado por las brujas, príncipes y princesas”( currículo de Buenos Aires, 2008)

En la edad escolar del primer año, cuando los niños no leen convencionalmente por sí mismos, el docente genera muchas y variadas situaciones alrededor de la lectura de diferentes tipos de textos. La función que cumple el maestro como lector es muy importante ya que muestra la actitud lectora e interesa a los niños a “querer leer”. De igual manera, cumple una función significativa si lo hace con un propósito didáctico como lo describe Dubios (1984): “Se puede hablar de enseñar en dos sentidos ‘hacer que alguien algo aprenda algo’ (…), o como un ‘mostrar algo’ (…). La idea de enseñar la lectura en esta forma (…) seria mostrar al niño la manera como los adultos usamos la lectura del mismo que le mostramos la manera como usamos la lectura oral”.

Escuchar leer cuentos a un docente es una de las primeras prácticas que pone a los niños en contacto con el lenguaje escrito. Despertar su interés por querer descubrir que tienen “adentro” los libros se consigue con la lectura que realiza el docente al leer en voz alta, ya que le confiere a los textos la significación y la valoración que los transforma en objetos interesantes. Y tener la posibilidad de comentar con otros lo que se está leyendo les permite a los niños, como se plantea en el currículo de Buenos Aires, “intercambiar opiniones acerca de la historia y de la forma en que está contada, confrontar interpretaciones, anticipar mientras se está leyendo sobre la base del conocimiento que se tiene del autor, usar el contexto para desentrañar significados, evocar otros textos a partir del leído, interpretar a partir de lo que se sabe de otros textos”. Estos serian algunos de los que se enseñan a los niños “cuando se les lee sistemáticamente, cuando circulan entre ellos los cuentos que escuchan leer, cuando se abren en el aula espacios de intercambio. Estos contenidos sólo pueden ser enseñados y aprendidos en el contexto de situaciones en las que maestros y alumnos entablan un diálogo entre ellos y los textos”

Con relación al concepto de lectura, nos apoyamos en Nemirovsky (2.003) cuando dice que la enseñanza de la lectura y la escritura siempre ha sido una responsabilidad de la escuela, sin embargo, el concepto de qué es leer y la concepción acerca de su aprendizaje ha sufrido modificaciones a lo largo del tiempo y como fruto de las investigaciones en las diferentes disciplinas. Para la autora y definición que compartimos leer es “la actividad de interpretar textos, textos que tienen sentido, que comunican, informan, transmiten…para que a un acto humano lo denominemos lectura tiene que haber un significado construido por el sujeto mediante su interacción con un texto”

Más que tratar de definir el concepto literatura infantil, queremos rescatar el valor de la literatura como lo plantea Bombini (2008) múltiples disciplinas han coincidido recientemente en considerar a la literatura, y especialmente a la narración literaria, como un instrumento social utilizado por los individuos para dar sentido a la experiencia, para entender el presente, el pasado y el futuro, para iluminar su propia entidad como personas y como miembros de una colectividad. Es decir que no sólo por su importancia en la formación de cada individuo es valiosa la literatura sino fundamental porque “constituye un instrumento esencial en la construcción del espacio más amplio que denominamos cultura”.

Y por último concebimos que “Las prácticas del lenguaje están siempre presentes en la vida social y se ejercen con variados propósitos: se lee para entretenerse, para identificarse con los sentimientos de otros u oponerse a ellos, para entender cómo se vive en lugares desconocidos, para conocer las ventajas de consumir determinados alimentos o para analizar el discurso de otros cuyos puntos de vista se requiere comprender; se escribe para agentar las actividades de la semana, solicitar un permiso, pedir disculpas por un error involuntario, comunicarse con otros a distancia, para plantear un punto de vista diferente ante un conflicto, emitir una opinión fundamentada… A través de estas acciones se establecen distintas interacciones sociales que pueden estar más o menos institucionalizadas. Las prácticas del lenguaje son, entonces, formas de relación social que se realizan a través del lenguaje.”(Castedo,2008)